
Durante una entrevista preguntaron al propio Albert Einstein cuál creía que era el secreto de su genialidad, a lo que respondió: “Hacerse preguntas que sólo se harían los niños..”. Gran verdad: a medida que nos vamos haciendo mayores vamos perdiendo esas cualidades tan importantes para enfrentar la vida, como la intuición, la curiosidad, la frescura, la inocencia. La mejor demostración es que los niños son los mayores y eficaces estrategas: -casi- siempre se salen con la suya.
Si pensáramos como los niños, veríamos la vida como un gran juego, en donde vamos asumiendo roles en diferentes entornos y realidades; nos daríamos cuenta que permanentemente jugamos a ser personajes en diferentes momentos y escenarios. El tema es que muchas veces ese papel y ese juego en que estamos participando no nos provocan diversión, alegría o plenitud, ¡que es de lo que realmente se trata!